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lunes, 3 de julio de 2017

¿Donde no me estoy amando?. Por Isha

Muchos de nosotros tenemos dinámicas internas con las que nos sentimos muy mal, y la mayor parte de este malestar es auto-provocado.  Por ejemplo, el adoptar una actitud de víctima (como que alguien o algo tiene la culpa de mi descontento) o estar celoso de los que sobresalen y luego auto-castigarnos por sentirnos así.  Esto no sucede porque uno lo quiera, sino porque tenemos una programación que quedó grabada en nuestro sistema nervioso que se repite en automático, y como creemos y alimentamos esta forma de actuar, sigue repitiéndose.  Pero tenemos buenas noticias, ¡es posible cambiar!
Fue mi sufrimiento el que
me llevó a transformar estos aspectos en mi vida. Cuando encontré el valor para reconocer todo eso que yo tanto juzgaba en mí, también pude ver que no había nada malo con nada. Me hice amiga de mis celos, de mi violencia, de mi capacidad de hacer infinidad de cosas basadas en el miedo, cosas que, previamente, había juzgado con dureza  en otros. Pero cuando acepté esos aspectos de mí y los abracé, todo se transformó en amor.  Siempre había sido amor, solo que yo lo rechazaba por miedo. Y de ese modo fui capaz de aceptar esos mismos aspectos en las personas que me rodeaban. Al amigarnos con nuestra propia humanidad, podemos encontrar la belleza en todos.
Los extremos del propio auto-rechazo también juegan un papel en el escenario mundial. En algunos, el miedo es tan grande que los lleva a la violencia, mientras que otros matan por miedo a perder a sus seres queridos. Sin embargo, si aprendemos a abrazar todos nuestros aspectos, nuestro sufrimiento y violencia se disuelven en la frecuencia del amor. Di SÍ a tu ser interior. Ámate a ti mismo, abrázate en el amor incondicional, y el mundo también lo hará.
Lo triste de la sociedad moderna es que tomamos las cosas demasiado en serio. Nos sentimos impulsados a cumplir con los “deberíamos”, lo que creemos que el mundo espera de nosotros. Pensamos: “no digas lo que realmente piensas, ¿qué van a decir?”
El autocontrol y la autocrítica se han convertido en nuestra forma de vida y agotan nuestra capacidad de juego y de libre expresión.
Tenemos que aprender a fluir nuevamente desde el corazón: permitirnos vernos ridículos, bailar libremente, detenernos y recordar que la vida se trata de risa y alegría desenfadadas.
Haz la prueba. ¡Tal vez te guste!

Isha